Leyendo la más reciente entrada de Lol-it! (no, no sé poner links, así que si alguien quiere me puede explicar) dije
Qué va! y me dispuse a contar algo recién salidito del horno de las anécdotas.
Hace algunos sábados conocí en mi pueblo, a un chico que creí jamás haber visto. Charlamos, nos besamos, nos pasamos teléfonos y la vida siguió. Un tipo interesante, apenas más chico que yo (
Un año. No es nada, pero a mí no me termina de cerrar. Prejuicios ridículos, ya sé), que fuera de sus vacaciones también vive en la
Gran Ciudad. Mr. Facebook me hizo notar que ya nos conocíamos, pero que evidentemente estábamos muy cambiados y personalmente no nos dimos cuenta.
Algo de tiempo pasó, y cuando él volvió a instalarse empezaron los mensajes para encontrarnos. Creo que sobretodo a nuestra edad, hay dos grupos bien marcados que más adelante o más atrás se homogeinizan:
Adoro mi celular, o
Ya no puedo vivir con él. Claramente yo pertenezco al segundo, y él al primero, pero me había caído muy bien y en pos de no autosabotearme otra vez, hice oídos sordos al prejuicio.
Varias idas y vueltas, el encuentro era hoy. Pregunto qué hacemos y me dice que su idea de salida era
tomar algo y después si nos caemos bien, dormir en tu casa o en la mía.
¿Soy yo? Digo, no me escandalizo por dormir con alguien el a primer salida. Si da, da y lo hago con gusto. Pero ya que el plan sea que dé, no me entusiasma. ¿Y si no da?
No, mirá me voy a dormir a mi casa porque no me caes bien. O:
-Sí, me caés bien, pero no tengo ganas de dormir con vos. -
Ah no! Pero teníamos un trato! ¿Cómo funcionan estas cosas? Creo que me resulta igual o más raro, que después haya aclarado que dormir puede ser dormir también. Como que acostados se resuelve la cosa, no sé. ¿Él es un moderno y yo soy una antigua? ¿Estoy equivocada en pedir espontaneidad?
Evidentemente me llenó de preguntas. Entre ellas, si hice bien en aclarar que si quería salíamos, pero que seguro que hoy no pasaba nada. Primero, porque no estoy segura de que no hubiera pasado, y segundo, porque me sumé a su movida
quitemos el suspenso.